FREESTYLE MANAGEMENT (CHAPTER I)

El “freestyle” es una fascinante modalidad de rap en la que se improvisa la letra al ritmo de unos “beats” determinados. En 2012 la prestigiosa revista Nature, a través de sus Scientific Reports, publicaba el articulo “Las correlaciones neuronales de la improvisación lírica”. En el estudio se monitorizaban y contrastaban, utilizando imágenes por resonancia magnética, los cerebros de freestylers y raperos convencionales en plena tarea.

" El Futuro es un toro salvaje cabreadísimo y la Planificación Estratégica ya no sirve como silla para domarlo."
foto sergi corbeto
Sergi Corbeto
Founder Mind The Gap

Las conclusiones, simplificándolas muchísimo, apuntan que el estado de flow (máximo nivel de inmersión en el proceso creativo donde el tiempo, el cansancio, el contexto… prácticamente desaparecen para dar luz a una “mágica productividad”) que alcanzan los freestylers es posible gracias a la supresión de funciones cerebrales relacionadas con el control emocional, la autolimitación y la supervisión consciente, mientras que se genera una red neuronal que conecta motivación, lenguaje, afecto y movimiento. Es decir, nos olvidamos de las restricciones formales y saltamos al vacío en busca de respuestas instantáneas, intuitivas y descarnadas a estímulos y retos complejos.

 

“Saltan al vacío ante retos complejos” los que se atreven. ¿Y cuántos nos estamos atreviendo ante la magnitud del desafío que la COVID-19 dibuja? ¿Hasta qué punto los principios y modelos de Management que utilizamos están diseñados para entornos tan volátiles? ¿En qué organizaciones ser un “freestyler” se recompensa o te lleva a una muerte segura? ¿Qué se necesita para improvisar con precisión y acierto?

 

Vamos a desgranar algunas respuestas a estas complejas preguntas.

El artista sublima su condición cuando se puede expresar con el producto de su Singularidad.

DE LA “ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS” AL “MANAGEMENT COMO ARTE”

La Organización de Empresas o Management como disciplina formal nace con la Revolución Industrial. Los pioneros (Taylor, Fayol, Mayo…) tejen un entramado de rígidos conceptos ingenieriles que permiten una administración cientifica de los recursos y las fuerzas productivas. En aquel entonces recordamos que el mundo no está globalizado y que los grandes “traumas mundiales” suceden con una periodicidad de 15-20 años.

 

El que algunos consideran el padre del Management moderno, Peter Drucker, empieza el despliegue de su cuerpo doctrinal a mediados del sXX. Y con ello llega una cierta flexibilización de los principios más duros. El Management inicia su transformación de Ciencia a Arte. Los humanos dejan de ser manos para el Sistema y empiezan a ser cerebros con emociones y capacidades creativas.

 

Y por supuesto llegamos a la era de la hiperconectividad, la incertidumbre y la velocidad de cambio exponencial. Los suecos Nordström & Ridderstråle lo ven venir y en su imprescindible “Funky Business” apuntan las nuevas bases manageriales. Se desentienden de la vieja guardia y pivotan hacia una concepción humanista e iconoclasta del Management. El liderazgo orgánico de la inteligencia colectiva, el diseño centrado en las personas y la felicidad profesional aterrizan para quedarse (bueno, a nivel teórico, porque la verdad es que algunos aún no han pasado la página de Taylor y Fayol).

 

Sea como sea, ni Drucker, ni los dos calvos suecos imaginaban el estado de situación actual. Ni por supuesto se atrevieron a pensar que las bases más sólidas del Management, tal y como lo conocíamos, se iban a dinamitar a golpe de Traumas Mundiales Encadenados. En las primeras dos décadas del sXXI se está demostrando que la periodicidad con la que el Destino sacude lo-que-de-verdad-importa no da respiro.

 

La mariposa que agita las alas en este pequeño mundo (sí, esa que hace que con un aleteo aparezca un huracán en otras partes del globo) lleva un ritmo infernal. Debe estar agotada pobrecilla.

 

Los tsunamis, los incendios, los terremotos… suceden con cierta frecuencia, pero afectan a zonas determinadas del Planeta. Como ya vivimos en un mundo “líquido” global hay eventos, aparentemente localizados, que se desatan de manera virulenta, viral e imparable y nos meten a los 7.000 millones en el mismo saco, en un tris, en un click, en un zap. El Covid-19 se podría considerar como un desastre natural deslocalizado. Igual que Lehman Brothers y Bin Laden fueron desastres humanos deslocalizados.  

 

Como apuntamos durante este bombardeo de grandes realidades transformadoras se producen impactos en los Sistemas y Estructuras establecidas. En la Organización ello se traduce en la aparición de “zonas de nadie”, en el afloramiento de inconsistencias en los objetivos previos a la agresión externa, en la emergencia de insumisión y desobediencia a los cánones y al folclore y, en definitiva, en el alumbramiento de fértiles campos sin cultivar.

 

Por eso improvisar conscientemente, hacer que los tiempos de diseño y ejecución converjan en un solo momento, de manera intencional, se ha convertido en un camino hacia la adaptación rápida a las circunstancias cambiantes. Ya no parece una opción. Es una obligación a la que las empresas no le pueden girar la cara. Al contrario, deben abrazarla y ponerla como prioridad en el registro de “New Skills” a desarrollar.

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EL FREESTYLE MANAGEMENT COMO RESPUESTA ADAPTATIVA

Haber tenido que esperar a que el entorno se ponga tan vibrante y volátil para empezar a valorar la utilidad de los “freestylers” en el Management es una clara muestra de miopía temporal y conservadora mediocridad.

 

Afortunadamente hay luz al final del túnel y algunos ya están circulando por él. La organización líquida poco a poco va imponiéndose como modelo de referencia universal. Empresas que utilizan las curvas de experiencia de los ciudadanos- empleados-clientes para diseñar productos- servicios-procesos, que se descomponen en equipos ágiles para romper silos, que diseminan y aceleran esa innovación centrada en las personas, que despliegan narrativas tan creíbles como atractivas y que entienden su Propósito como Activistas Sociales.

 

Y que, por supuesto, no solo toleran la Improvisación Consciente, sino que incluso la cultivan y protegen. Es una de las tres grandes newskills* junto con el Liderazgo Orgánico y el Activismo Corporativo. Y como tal hay que desarrollarla para que se despliegue de manera intencional y eficiente.

 

Pero ¿qué sucede cuando algunos osados improvisan espontánea o intencionalmente en empresas ancladas en el pasado? En la siguiente matriz propongo ordenar esta reflexión sobre el tipo de Improvisación, el marco en el que se despliega y los efectos que genera.

Las improvisaciones reactivas o espontáneas en Organizaciones Rígidas se recogen como errores de proceso y “no computan”. Son bugs del sistema operativo y como tales desechables. Los que perpetran tales actos se convierten en portadores de riesgo. No tanto por su osadía sino por su incapacidad para encontrar respuestas dentro del Gran Manual. O peor aún, como desconocedores de la plenipotencia de este. Y como seres poco fiables son supeditados aún a un mayor control  o al ostracismo en la planta de «unidades improductivas». 

 

Pero cuando esa improvisación se comete de manera alevosa, nocturna y premeditada suenan tambores de guerra en el Reino. Los “terroristas” han atacado las oxidadas bases del Orden y pretendido Progreso y eso sí que no. ¡Eso sí que no! Los pasos de los Guardianes se oyen avanzar furiosos por los pasillos. Los asaltantes aguardan tensos en sus cubículos. Quizás va llegando el momento de poner sus cositas en esa-caja-de- cartón.

 

En las empresas modernas la improvisación espontánea merece atención y refinamiento. Se percibe como una respuesta natural que debe ser tratada con respeto. Esconde oportunidades, esconde talento, esconde buena voluntad, esconde rentabilidad. Y por todo ello el trabajo de los líderes y expertos en Desarrollo se centrará en fomentar las técnicas asociadas, abrir los espacios más adecuados y liberar los momentos pertinentes para, aunque parezca contradictorio, regular el esfuerzo intuitivo. Insistimos, sin limitarlo, simplemente buscando su máxima capacidad de expresión y recorrido como habilidad esencial en la adaptación a la incertidumbre y la volatilidad.

 

Todas estas reflexiones nos llevan a una conclusión paradójica: los entornos inestables y hostiles encienden la llama de la improvisación. Lo inesperado ataca al sujeto y este debe defenderse atrayendo musas, afilando ingenio y actuando con instantaneidad. Pero solamente activando una corona de cierta paz y serenidad alrededor del free- styler el producto del no-proceso improvisador alcanzará su máxima expresión.

 

Crear y actuar dentro de una burbuja de plástico a la deriva en un océano encolerizado. Eso es improvisar..

Para poder aspirar primero hay que poder respirar #improvisacion_consciente

LOS CUATRO DRIVERS DE LA IMPROVISACIÓN CONSCIENTE EN MANAGEMENT

Llegados a este punto conviene establecer una mínima guía operativa que permita dotar de intencionalidad y efectividad a la improvisación en la gestión organizacional. Intencionalidad porque a pesar de ser una habilidad tremendamente vaporosa e inabarcable sí se puede establecer algún tipo de metodología al respecto (por muy oximorónico que parezca Planificar la Improvisación es posible).

 

Efectividad porque es evidente que lo que se busca con los ejercicios de freestyle management es esa respuesta adaptativa de la que hablábamos. La que nos permite, entre las nieblas de la incertidumbre, florecer de manera instantánea y prosperar de manera sostenible.

 

 

Estos son pues 5 palancas en las que se puede apoyar un excelente ejercicio de Improvisación Consciente en la Organización Líquida.

 

 

  1. Patrones Fill-in-the-blank

 

Entramos en un teatro. Nos piden que escribamos espontáneamente en un papel un concepto, una noticia, un evento histórico y lo depositemos en una urna. Salen las actrices. Una mano inocente escoge uno de los boletos aleatoriamente. Lo leen a las actrices. Y sobre el asunto seleccionado se marcan una escena con unos diálogos vertiginosos, emocionantes y coherentes. ¿Cómo lo han hecho? ¿Magia?

 

Un poco sí. Pero además de esa pericia y agilidad mental, además del ingenio y locuacidad del equipo teatral, el director de escena y las actrices llevan horas de trabajo en el diseño y memorización de guiones con espacios vacíos y módulos intercambiables. A partir de ciertas estructuras elementales en forma de historias incompletas y tramos de narrativas encajables unas con otras, el estimulo externo no planificado (el tema escogido aleatoriamente) introduce elementos accesorios que van dándole forma y coherencia al texto improvisado.

La performance toma sentido y el grado de excelencia de la escena que se entrega al sorprendido público ya depende de la chispa creativa y precisión de encaje.

 

 

Tener un libro de modelos básicos en la Organización resulta imprescindible en estos momentos. Deben ser abstracciones sencillas pero sustanciales, dibujadas en infografías sexies que faciliten su difusión, comprensión y absorción. Se trata de dar marcos muy esenciales (casi atávicos) en los que los detalles de cada momento, de cada situación, se integran en los “espacios vacíos” para configurar respuestas muy válidas a los estímulos del imprevisible entorno. Os pongo un ejemplo.

 

Una Organización se dedica fundamentalmente a tres grandes funciones:

 

Pensar / Conectar / Hacer. 

 

Cuando, ante un reto sobrevenido de urgente resolución, un equipo de trabajo dispone de este patrón, ayuda mucho ir descomponiendo la realidad, las preguntas y las tareas en estos tres cajones. El ejercicio de freestyling managerial se apoya entonces en este andamio conceptual y la improvisación consigue ir articulando un cuerpo de reflexiones, decisiones y acciones altamente armónicas y llenas de sentido.

 

 

2. Estado de hiperinspiración (Yellow Holes)

 

“Cuando me meto en la ducha es cuando tengo buenas ideas” o “me puse a dormir, de repente tuve una epifanía y la solución apareció”. Está claro, no hay nada mejor que dejar en blanco el lienzo de nuestra mente para pintar en ella universos inesperados.

Tal y como apuntaba la revista Nature en el freestyling hay una “supresión de funciones cerebrales relacionadas con el control emocional, la autolimitación y la supervisión consciente”. Cuando improvisamos en la empresa necesitamos liberar nuestras mentes de cadenas limitativas. Lo cual resulta complicadísimo.

 

Si lo pensamos fríamente el Management hasta hace poco era más una disciplina reguladora que desreguladora. La normalización y estandarización de procesos fue creciendo hasta prácticamente “estrangular” el pensamiento alternativo y la acción descentralizada. Las nuevas corrientes invitan a eliminar esas restricciones, sobre todo las que generan atonía e inmovilismo. Como por ejemplo el combate contra el pensamiento vertical. La rígida tiranía de los silos funcionales (cada Departamento es una unidad soberana con objetivos, políticas y subcultura propias) no ayuda a desplegar ese “lienzo en blanco”. La Transformación Ágil es básicamente un movimiento desregulador que impulsa un pensamiento transversal libre y fluido.

 

Os propongo algunas recomendaciones para que abráis vuestros Yellow Holes (agujeros en el espacio y el tiempo donde encontraréis condiciones óptimas para desmadrar vuestra inspiración y creatividad… en jazz las llaman Jam Sessions. ¿Te suena? ;-).

 

1º – Meditad unos minutos antes de empezar los ejercicios de freestyling. Vaciad vuestra mente concentrándoos en una respiración pausada y consciente (por la nariz entra frío, por la boca sale calor)

 

2º – Escoged un espacio con luz natural. Blanco, aséptico, minimalista… silencioso. Y si estás en plena naturaleza aún mejor.

 

3º – Acompáñate de compañer@s de tu calaña. Si te escoltan guardianes del Reino y del Ritual de lo Habitual date por desactivado.

 

4º – Ponte música pero selecciona bien cuál. Intenta que sea música sin letra, sin textos. Los cantantes distraen. Buscamos el efecto físico de sincronización de los beats de la música con tus beats orgánicos. Para momentos de creatividad incipiente empieza con Dub (60-90 bpm). Sus beats te sumirán en un estado inicial de “pachorra ilustrada”. A medida que quieras acelerar el pensamiento y adentrarte en altos niveles de productividad intelectual invoca a las Musas del House (115-130 bpm) y del Techno/Trance (120-140 bpm). Dale fuerte en los tramos finales al Dubstep (135-145 bpm) y al Drum & Bass (160-180 bpm) y saldrás enchufado del agujero amarillo. Ahora y justo ahora es el momento de comerse el mundo.

 

(Si eres de otras músicas también te valdrá. Pruebatus combinaciones. Esto va a gustos. Seguro que incluso un mix-tape con Mozart-Gaga-BadBunny puede funcionar… aunque a mí mejor no me llames, ese día no podré ir).

 

5º – Salid del Yellow Hole con una serie de objetivos parciales de avance. Nada sofisticado ni complejo. Una lista corta con los 3 siguientes pasos a desplegar tras la sesión. Y por supuesto asignad un Acelerador de la Acción para que “las cosas pasen” (el más pesado y machacón de vuestro grupo ha nacido para eso)

 

3. Encadenamiento Progresivo

 

Todas hemos jugado a terminar frases y encadenar palabras. A ensamblar nuestras ocurrencias con las de los demás. A todos nos ha pasado en una fiesta que un chiste nos lleva a otro en un crescendo de risas que ahogan. Y es que no hay nada como desatar el hilo de las narrativas cruzadas y superpuestas para tejer universos infinitos.

 

Cuando un equipo ágil logra un reto debemos lanzarles ya el siguiente. Cuando un compañero suelta una idea decente resulta productivo escucharle y enlazarla con otra. Cuando alguien actúa de manera espontánea con resultados tan brillantes como inesperados hay que invitarle a una nueva ronda. Cuando un empleado hace una sabia gamberrada aplaudimos y proponemos la subsecuente.

 

El flujo inspirador que permite improvisar suele trenzarse de manera progresiva mediante el encadenamiento de piezas. De alguna manera improvisar es como hacer bricolaje. Abres la caja de piezas y herramientas y te pones a reparar algo roto o construir algo nuevo. Cada pieza que hay en tu entorno vale. No las desprecies.

 

4. Redes Informales de Acción Descentralizada

 

Los freestylers son gente de acción más que de reflexión. Su gran secreto es que entre lo que perciben, sienten, crean y activan pasa muy, muy, muy poco tiempo. Muy poco. Son personas con una gran obsesión por recortar a lo mínimo la longitud del hilo que conecta la causa con el efecto, el estimulo con la reacción. Son instantáneos, sencillos y operativos.

 

 

En la definición de una Estrategia de Improvisación (otro aparente oxímoron) el CEO de la compañía debe abrir su mapa del territorio organizacional y colocar en el plano diferentes cohortes de freestylers con pase de pernocta y salvoconducto imperial. Además, debe asegurar unas impecables líneas de comunicación directas y veloces. Y esperar… esperar a que esas redes informales se movilicen de una manera orgánica y natural. Ante eventos inesperados y movimientos tectónicos estas células se excitan, elevan su calor interno, se ponen remolonas, empiezan a agitarse y a producir respuestas a las provocaciones. En ese momento el CEO y su equipo, con un mínimo nivel de intervencionismo y una máxima actitud de mecenas, puede acercarse a los freestyle-teams como quién curiosea en una librería. Y preguntar casi con desgana lo que se está cocinando. Si realmente el plato vale la pena la cosa ya trascenderá y es entonces cuando la acción improvisada debe ser destacada y elevada a otra categoría más, más… ¿institucional?

En la era de la inmediatez el Management se debe comportar como el Nesquik. El Colacao ya no sirve. Se disuelve lento y deja grumos.

EPÍLOGO: LA IMPROVISACIÓN CONSCIENTE NO SE IMPROVISA

Se está hablando mucho de reskilling (habilidades a desplegar en un nuevo puesto) o upskilling (habilidades diferentes a desarrollar en el puesto actual). Sin embargo, mucho me temo que nos vamos bien por ahí.


El trauma mundial que está provocando el put* virus tiene un calado parecido al de una tercera guerra mundial. Y no creo estar exagerando.


El drama humano, la indefinición de los plazos de duración, el alcance global del desastre, el impacto sobre las formas de socializar, comercializar y relacionarse y sobretodo una angustiosa sensación de volatilidad e incertidumbre se ha colado en nuestros hogares y trabajos de una manera tan progresiva como imparable.


Quien no vea la oportunidad en la amenaza es porque tiene oscuros intereses en que todo siga igual. Y no podemos transigir con eso.

En el mundo del Management hemos estado esperando demasiado para pegar el Gran Salto.


Y es ahora, precisamente cuando la Sociedad grita desesperada y de la Naturaleza aflora un llanto moribundo, cuando debemos dar un gran golpe en la mesa y decir basta.


Basta a la acción erosiva de las Grandes Corporaciones. Basta al trabajo entendido como un ejercicio de producción deshumanizada. Basta a la incompetencia de gobernantes y superdirectivos que someten los intereses del establishment al bien común. Basta al liderazgo asfixiante y controlador. Basta de una tecnología que explota nuestra intimidad y nos pone bajo una opresiva vigilancia.


Es el momento de exigir y trabajar duro para cambiar de verdad este panorama. E innovar en las habilidades del management es imprescindible. Una de las disciplinas de conocimiento más relevantes para que el mundo se reequilibre debe reformularse de manera estructural. Hay que dinamitar las bases y emerger con nuevos conceptos mucho más acordes a la nueva realidad.


La improvisación consciente va a agitar una gran parte de la toma de decisiones en los próximos años. Es un error no abrazarla y hacerse cargo de ella como habilidad central en el nuevo mapa de competencias. La improvisación consciente no debe dejarse en manos de la improvisación.


Igual que un nuevo Liderazgo Orgánico y el Activismo Corporativo y Ejecutivo no pueden ser negados como parte fundamental de esta gran movida transformacional. Pero de ello hablaremos muy pronto en otros dos articulos que completarán esta serie de newskills.


Mientras tanto toca escuchar bien los ritmos del entorno y ponerse a fluir como un Freestyler. Es una de las pocas opciones que tenemos para prosperar en la adversidad y acelerar la llegada de tiempos mejores.


Ahora.

 

¡YA!

 
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